Los primeros vasos de vino

vino 1

Primer vaso:

—Buenas tardes Clementín, como aquí está escrito, todavía faltan cinco minutos para que se cumpla la hora en que tú naciste y es mejor ir calentando la garganta, y no hay nada como el tinto para hacerlo. ¿Quieres un trago?

—No, gracias, tío Paco.

Segundo vaso:

—Ya quedan menos de tres minutos.

Tercer vaso:

—Un minuto, Clementín.

Cuarto, quinto y sexto vaso:

—Ya es la hora, Clementín, ya es la hora. Pues te contaré la verdad de la casa azul.

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El tío Loles, el modisto

MODISTO

Vivía en el barrio del Medio, entre la iglesia y el frontón, en una casa enorme. Estaba casado y era padre de tres chicas. Y hasta aquí, todo normal, pero no. Tenía más ropa que nadie en Cameros, y no digamos en Ajamil. Aunque nadie entendía por qué, justo después de cumplir veinticinco años, y después de saber la verdad sobre la casa azul, empezó a recuperar la ropa vieja del pueblo y a arreglarla, pero no arreglarla sin más, sino que le daba su propio toque.

Las viejas chaquetas abandonadas, él las despuntaba en hilos para confeccionarla en otros patrones y colores. Y así, con el tiempo, llegó a disponer de auténticas creaciones dignas de las mejores casas de modas de París o Milán, pero propias y guardadas en la parte superior de la casa vistiendo maniquís en forma de perchas.

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