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El tío Loles, el modisto

MODISTO

Vivía en el barrio del Medio, entre la iglesia y el frontón, en una casa enorme. Estaba casado y era padre de tres chicas. Y hasta aquí, todo normal, pero no. Tenía más ropa que nadie en Cameros, y no digamos en Ajamil. Aunque nadie entendía por qué, justo después de cumplir veinticinco años, y después de saber la verdad sobre la casa azul, empezó a recuperar la ropa vieja del pueblo y a arreglarla, pero no arreglarla sin más, sino que le daba su propio toque.

Las viejas chaquetas abandonadas, él las despuntaba en hilos para confeccionarla en otros patrones y colores. Y así, con el tiempo, llegó a disponer de auténticas creaciones dignas de las mejores casas de modas de París o Milán, pero propias y guardadas en la parte superior de la casa vistiendo maniquís en forma de perchas.

Magia negra en Ajamil

Los de la Torre, los mozos ya de veinte en adelante que eran tres, lo iban a intentar con los espíritus del cementerio. Sí, sí, al parecer ya habían desistido de intentarlo con los vivos que no soltaban prenda[1] de nada referente a aquellas dichosas casas azules. Y se les ocurrió la brillante idea de acercarse en las noches hasta el cementerio e invocar a los espíritus de los muertos de Ajamil.

 

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—Que un muerto es diferente —decía Jacinto «el Raspas»[2] uno de los mozos más brutos de Ajamil. Daba unos mordiscos que ni un tratante al jamón ajeno.

—Nos contarán todo, porque ¿para qué quiere un muerto guardar secretos si ya se los ha llevado a la tumba[3]?—aclaraba sin entenderlo nadie.

Pero sí había bastante expectación por conocer los resultados. Tras tantos años intentando saber la verdad de aquellas casas azules, cualquier avance era motivo de fiesta y desfogue en sus cansadas mentes.

—¿Y os hablan? —le preguntaban los mozos del Barrio de Abajo.

—Hablar lo que se dice hablar aún no, pero yo sé que querer si quieren, están deseando, se les ve con ganas —contestaba Jacinto «el Raspas».

—¿Pero les has visto? —seguían.

—Verles lo que se dice verles aún no, pero me da que ya esta noche avanzaremos.

 

 

[1] No soltar prenda: no hablar nada ni siquiera mover los labios. No sea que alguien sea sordo mudo y lo averigüe.

[2] Jacinto Remond Fresneda «el Raspas». Bruto como pocos y de listo nada. No obstante, ya de viejo, cosechó importantes éxitos cultivando el arte de la mímica.

[3] Llevarse los secretos a la tumba: pues eso llevarse los secretos a la tumba, si lo sabéis ¿no? Y si no preguntar al Jacinto «el Raspas» que lo intentó averiguar durante casi ocho años seguidos. Los secretos que se llevaron, digo.

 

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